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El rey no está muerto, está de parranda

17:33 h - Mar, 3 Abr 2018

Por Ernesto Carlín

Editor de Cultural del diario El Peruano

El nuevo montaje recoge el espíritu juguetón e iconoclasta de esta pieza de Alfred Jarry. Los directores han añadido varias referencias al Perú en esta puesta en escena, pero el acierto del uso de estos guiños al público es solo una de las varias virtudes de la puesta en escena.

En el papel central está Gonzalo Molina, dando vida a un delirante Padre Ubu, totalmente carente de escrúpulos. Su contraparte, Madre Ubu (Grapa), le da buena réplica. Los demás papeles recaen en los otros actores, Moyra Silva y Óscar Meza, unos con más suerte que otros, pero nunca desentonando.

Hay varios momentos imperdibles. Los bailes de Padre Ubu, en especial sus pasos de cumbia, son un ejemplo de ello. Otra escena clave es el inopinado reparto de caramelos y condenas. 

Los directores se han tomado la libertad de agregar momentos en los que participa el público y los artistas improvisan respuestas, y lo han hecho sin que se sienta forzado.

Sin embargo, hay un añadido que se puede cuestionar. Es cuando un personaje reflexiona y hace una autocrítica que alude a la sociedad peruana. El problema no es que sea desacertado, sino que tiene un tono más explícito que el resto del montaje. Detalle menor si apreciamos lo sobresaliente de este montaje.

/CP/

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